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Apuestan por tecnologías innovadoras para reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos


La FAO apoyó el desarrollo de innovaciones que miden y analizan la pérdida y el desperdicio de alimentos en comedores escolares y en un mercado de mayorista, con las que están logrando reducirlas. Las herramientas tienen un amplio potencial de replicabilidad

Cerca de un tercio de los alimentos producidos al año en el planeta para ingesta humana no llega a consumirse, lo que equivale a unos 1300 millones de toneladas. Esto contribuye de forma significativa a las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), la contaminación del medioambiente, la degradación de los ecosistemas naturales y la pérdida de biodiversidad. Además, representa un despilfarro de los recursos que se utilizan en la producción alimentaria. Por ello, su reducción es fundamental para garantizar sistemas agroalimentarios eficientes, inclusivos, resilientes y sostenibles.

Con este objetivo, la FAO apoyó el desarrollo de la iniciativa OptiWaste en República Dominicana, cuya meta es mejorar la nutrición y el rendimiento académico en comedores escolares; mientras que en Argentina impulsó la puesta en marcha del Tablero de Mermas y Sostenibilidad de Alimentos, que busca recuperar el valor de los alimentos en los mercados mayoristas.

OptiWaste: mejor nutrición y rendimiento académico en las escuelas de la República Dominicana

La República Dominicana se ubica en el primer lugar entre los países de América Latina y el Caribe con más desperdicios de alimentos en los hogares, incluso por encima de los países más grandes y poblados de la región, como México y Brasil. Se estima que el desperdicio de alimentos en el país por persona es de unos 160 kilos al año, según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA, 2024).

Diariamente, más de 2 millones de estudiantes reciben sus alimentos a través del Programa de Alimentación Escolar (PAE) gestionado por el Instituto Nacional de Bienestar Estudiantil (INABIE). Un estudio realizado en 2024 en 36 escuelas que reciben el PAE reportó que aproximadamente el 33 % de los alimentos destinados al almuerzo escolar se desperdiciaron.

Esta situación se debía a las limitaciones en las capacitaciones de las manipuladoras de alimentos y la planificación de los almuerzos, afectando la calidad y el cumplimiento de las porciones recomendadas. Además, algunos platos presentaban baja aceptación entre los estudiantes. Con ello, la eficiencia del PAE se vio afectada, ya que la reducción en la ingesta de nutrientes afectaba el rendimiento académico de los estudiantes.

Para buscar una solución a este problema, la FAO, en colaboración con INABIE, y el acompañamiento de la Red de Alimentación Escolar Sostenible, que impulsa la Agencia Brasileña de Cooperación ABC y el Fondo Nacional de Desarrollo de la Educación de Brasil, trabajaron para fortalecer las capacidades del personal, mejorar la gestión alimentaria y promover hábitos alimentarios saludables y buenas prácticas de higiene y manipulación. Conjuntamente, impulsaron el desarrollo de OptiWaste, una aplicación digital diseñada para registrar, analizar y reducir el desperdicio de alimentos en los centros educativos. Actualmente, la herramienta se encuentra en proceso de implementación en escuelas piloto.

OptiWaste permite al personal de cocina y a los administradores escolares monitorear diariamente los alimentos servidos, las cantidades sobrantes y las causas de desperdicio. A través de reportes y gráficas, las escuelas pueden identificar patrones, ajustar las porciones, planificar menús más adecuados y tomar decisiones informadas para optimizar la gestión de los alimentos. Este enfoque contribuye a mejorar la eficiencia del PAE, reducir costos y garantizar que los estudiantes reciban comidas más balanceadas y completas.

“La reducción del desperdicio de alimentos comienza con educación, conciencia y acción desde edades tempranas. Iniciativas como el uso de la aplicación OptiWaste en las escuelas no solo permiten medir cuánto se desperdicia, sino también formar estudiantes más responsables y comprometidos con sistemas agroalimentarios sostenibles. Cada alimento que se aprovecha es una oportunidad para cuidar nuestros recursos, apoyar a quienes producen y avanzar hacia un futuro con mayor seguridad alimentaria para todos”, expresó Rodrigo Castañeda, representante de la FAO en el país.

Deisy Medina, directora del Centro Educativo Eugenio María de Hostos, en la provincia La Altagracia en la República Dominicana, relata que, como parte del apoyo a la iniciativa, el centro cuenta con un equipo de voluntarios que se encargan del proceso de pesado y cuantificación de los alimentos a su llegada y de los no consumidos, identificados por grupo de alimentos. “Esto nos permite reducir el desperdicio y mejorar la planificación diaria de los almuerzos”, comenta.

La implementación de OptiWaste se desarrolla dentro del proyecto de Fortalecimiento del PAE, que busca innovar en la gestión escolar de alimentos y promover la participación activa de toda la comunidad educativa. La FAO aporta la asistencia técnica, capacitación y seguimiento, mientras que el INABIE lidera la coordinación operativa en las escuelas. Los directores, cocineras, estudiantes y familias participan activamente en talleres y capacitaciones, aprendiendo a valorar los alimentos, registrar los residuos y proponer mejoras en los menús.

Yenny Aristy, encargada de la división de educación nutricional del INABIE, comenta: “Esta aplicación nos permitirá tener un análisis y evaluar la aceptabilidad de los alimentos que se ofrecen en las escuelas a través del PAE, además de aprender a gestionar de forma eficiente los desperdicios”.

Los resultados iniciales del proyecto muestran mejoras en la planificación de menús y una reducción significativa del desperdicio en las escuelas piloto. Además, los estudiantes y personal han fortalecido la conciencia sobre el valor de los alimentos y la importancia de minimizar su pérdida. Estos avances permiten un mejor uso de los recursos y refuerzan la confianza de la comunidad en los programas de alimentación escolar.

Con esta herramienta, la República Dominicana avanza hacia la transformación de sus sistemas alimentarios escolares, fortaleciendo la nutrición de los estudiantes, promoviendo la participación comunitaria y contribuyendo a la meta global de reducir la pérdida y desperdicio de alimentos, un desafío crítico que la FAO alerta a nivel mundial.

Tablero de Mermas y Sostenibilidad de Alimentos de Argentina: datos que impulsan la acción colectiva

En Argentina, cada persona desperdicia un promedio de 91 kilos de alimentos por año, según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA, 2024). Ante ese escenario, hace una década, distintos actores del sector público y privado comenzaron a trabajar articuladamente para entender cómo hacerle frente a este problema silencioso: las mermas de alimentos a lo largo de la toda la cadena productiva.

En los mercados mayoristas, toneladas de frutas y verduras se perdían cada día por falta de infraestructura, fallas logísticas o por no cumplir estándares estéticos. Esos alimentos, que podrían haber nutrido familias o abastecidos comedores escolares, terminaban en residuos.

En búsqueda de una solución, nació el Tablero de Mermas y Sostenibilidad de Alimentos, una herramienta impulsada por la Red de Banco de Alimentos y el Plan Nacional de Reducción de Pérdidas y Desperdicio de Alimentos, con acompañamiento técnico de la FAO y el apoyo del gobierno nacional y provinciales, como también de universidades. La iniciativa busca medir, visibilizar y transformar los datos en acción: saber dónde, cómo y por qué se perdían los alimentos era el primer paso para evitarlo.

El rol de la FAO fue clave en la asistencia técnica y la articulación con experiencias internacionales. Y los resultados ya son visibles. En varios mercados del país, las pérdidas de frutas y verduras se redujeron significativamente gracias a mejores prácticas de manipulación, acondicionamiento y redistribución de excedentes. En paralelo, más de un centenar de organizaciones sociales comenzaron a recibir alimentos recuperados y viandas.

“La concientización sobre la importancia de reducir las pérdidas y desperdicio de alimentos es de todos: desde el mercado productor, pasando por el transporte, y el consumo en casa, es decir, en los distintos eslabones de la cadena agroalimentaria. Por eso, el tablero es una herramienta innovadora y necesaria para la implementación de políticas más eficientes en la última milla, ahí cuando el producto llega al consumidor”, explicó Laura Escuder, oficial de Programas de la representación de la FAO en Argentina.

El impacto se siente también entre quienes tomaron la responsabilidad de llevar a cabo políticas para hacer más eficiente y sustentable la cadena productiva de la industria alimenticia. “La participación en el Tablero de Mermas es clave para abordar el desperdicio alimentario desde una mirada colectiva. Medir nos permite entender dónde están las oportunidades de mejora y tomar decisiones basadas en datos. Compartir esta información con la industria y hasta con nuestros competidores demuestra que, cuando se trata de reducir pérdidas y cuidar los alimentos, el trabajo conjunto genera un impacto mucho mayor que cualquier esfuerzo individual”, relata Maximiliano Bordon, gerente Control de Pérdidas de Dia Argentina.

La implementación de estas exitosas tecnologías innovadoras, que involucran el esfuerzo de varios actores por adoptar medidas concretas para cuantificar y reducir las pérdidas y el desperdicio de alimentos, están cimentando el camino para ser replicadas en otros países.

Fotografía: Cortesía ©FAO



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