Con una inversión de 200 millones de pesos en tecnología de punta, un modelo colaborativo de expertos y tequilas 100 % agave con denominación de origen, Casa Tierra Cobriza representa a la nueva generación que combina innovación, precisión y orgullo mexicano dentro del auge mundial del tequila
En medio de la ola internacional que vive la categoría, Casa Tierra Cobriza emerge como una de las historias más interesantes del nuevo panorama tequilero mexicano. Su propuesta no busca repetir lo que ya se conoce: busca elevarlo. Esta nueva tequilera mexicana está transformando la forma de entender, hacer y disfrutar el tequila.
Desde su nacimiento, la marca ha apostado por un equilibrio entre tradición, innovación y talento humano, con una planta moderna, tecnología de punta y una filosofía que la distingue: “Somos Tequila Native Speakers” —hablamos el idioma del tequila desde la raíz, con orgullo mexicano y mirada global.
Una nueva generación de tequileros
Con operaciones consolidadas desde hace tres años, Casa Tierra Cobriza representa a una nueva generación de tequileros que combina conocimiento técnico con visión empresarial. Su origen se remonta a un proceso de desarrollo que duró casi seis años, en el que se invirtieron más de 200 millones de pesos para construir una planta moderna, eficiente y con estándares internacionales.
Hoy, Casa Tierra Cobriza produce tequila 100 % agave bajo la NOM 1651, garantizando denominación de origen y autenticidad. Cada etapa del proceso está respaldada por tecnología, control de calidad y talento especializado, lo que se traduce en un producto consistente y fiel a la esencia del agave.
Más que una destilería, Casa Tierra Cobriza es una mesa de expertos. Un equipo joven, multidisciplinario y apasionado que combina la tradición artesanal con metodologías de innovación continua.
Esta estructura colaborativa ha permitido desarrollar un portafolio sólido que responde a lo que buscan las nuevas generaciones de consumidores: autenticidad, calidad y experiencias reales.
El enfoque de innovación de la casa no solo se ve en la producción, sino también en su visión de marca. Casa Tierra Cobriza entiende que el tequila es parte de la cultura mexicana y que su evolución depende de cómo se comunica al mundo. Por eso, cada botella es una declaración de identidad y orgullo nacional.
Dentro de su portafolio destacan dos expresiones que reflejan la dualidad del tequila contemporáneo. Flor Alteña, un tequila elegante que celebra la fuerza y autenticidad femenina, combina frescura, sofisticación y el alma del agave. Por otro lado, Casa 1989 representa el espíritu libre del tequila moderno: versátil, accesible y con una calidad excepcional que permite disfrutarlo solo, en las rocas o en coctelería. Ambas marcas comparten el mismo ADN de innovación y consistencia que caracteriza a Casa Tierra Cobriza.
Una casa con visión global
Aunque su origen es profundamente local, Casa Tierra Cobriza ya se proyecta como una marca global.
Sus productos se encuentran en expansión en México, Estados Unidos y Europa, con estrategias de distribución que abarcan desde mayoristas y autoservicios hasta hoteles, restaurantes y centros de consumo.
El crecimiento de la empresa ha sido sostenido, respaldado por una categoría que vive su mejor momento y por un consumidor que exige autenticidad y calidad.
En un mercado cada vez más competido, Casa Tierra Cobriza se diferencia por su consistencia, su compromiso con la innovación y su respeto por la tierra y su gente. Para su equipo, el tequila no es solo una bebida: es un lenguaje. Casa Tierra Cobriza lo traduce al mundo con la precisión de la ciencia, la pasión de la tradición y la voz de una nueva generación de tequileros mexicanos.
Con cada botella, la casa reafirma su propósito: llevar el tequila a otro nivel sin perder su alma mexicana.
Fotografía: Cortesía de Casa Tierra Cobriza














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