A pesar de algunas mejoras en la reducción del número de personas en condiciones de emergencia, la situación de la seguridad alimentaria continúa deteriorándose, impulsada por la violencia, las presiones económicas y los choques climáticos, lo que subraya la necesidad urgente de ampliar las respuestas humanitarias y agrícolas coordinadas
Según la última actualización de la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria en Fases (IPC, por sus siglas en inglés), publicada por la Coordinación Nacional de Seguridad Alimentaria (CNSA), 5,83 millones de personas —es decir, el 52 % de la población de Haití— están experimentando actualmente inseguridad alimentaria aguda (Fase 3 del IPC o superior). Esto representa un aumento de 130.000 personas en comparación con el análisis anterior (septiembre de 2025), lo que confirma un deterioro continuo de la situación.
De ellas, más de 1,8 millones de personas se encuentran en condiciones de emergencia (Fase 4 del IPC) y requieren asistencia humanitaria inmediata. Gracias a los esfuerzos conjuntos del Gobierno y sus socios —incluida la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA)—, alrededor de 200.000 personas han salido de esta fase crítica en comparación con el año pasado. Sin embargo, estos avances siguen siendo frágiles en un contexto de necesidades humanitarias en rápido crecimiento.
A pesar del desafiante contexto, Harmel Cazeau, coordinador de la CNSA, expresó un optimismo cauteloso: “Si bien la situación sigue siendo profundamente preocupante, los esfuerzos en curso para mejorar la gobernanza —en particular mediante la creación del Comité Interministerial de Seguridad Alimentaria y Nutricional— ofrecen un mecanismo sólido para movilizar mejor los recursos y coordinar acciones orientadas a mejorar gradualmente la seguridad alimentaria de la población”.
Como organismo gubernamental responsable de monitorear la seguridad alimentaria e informar la toma de decisiones, la CNSA subraya que la movilización sostenida de recursos es esencial para dar seguimiento a la situación y proporcionar asistencia vital, evitando un mayor deterioro.
Una crisis impulsada por la violencia, las presiones económicas y los choques climáticos
La violencia vinculada a grupos armados, tanto en zonas urbanas como rurales, ha desplazado a más de 1,4 millones de personas. Esta situación continúa interrumpiendo las cadenas de suministro de alimentos, restringiendo el acceso de los agricultores a sus tierras y elevando los precios de los bienes básicos, lo que erosiona el poder adquisitivo de los hogares.
Estas presiones se ven agravadas por la inestabilidad económica mundial, incluido el aumento de los precios del combustible asociado al conflicto en Medio Oriente. El incremento de los costos de transporte y de producción agrícola está afectando directamente la disponibilidad y asequibilidad de los alimentos, profundizando aún más la vulnerabilidad de las familias haitianas.
Los choques climáticos recurrentes también están debilitando la producción agrícola. El huracán Melissa, que afectó a las regiones del sur en octubre de 2025, provocó pérdidas significativas de ganado y cultivos, impactando gravemente los medios de vida rurales y la producción alimentaria nacional.
Asistencia alimentaria y agricultura: respuestas complementarias a la crisis
“Poner fin a la crisis humanitaria en Haití no será posible sin fortalecer el sector agrícola nacional. Apoyar la producción local de alimentos es tanto una respuesta inmediata como una vía hacia la transformación a largo plazo. Al invertir en la agricultura local, contribuimos a estabilizar a las comunidades vulnerables y a reducir la dependencia de la ayuda externa y de las importaciones”, señaló Pierre Vauthier, representante de la FAO en Haití.
En un contexto marcado por la inseguridad y la disminución del financiamiento humanitario, es esencial combinar la asistencia alimentaria de emergencia con el apoyo urgente a la producción agrícola para reducir las necesidades de manera sostenible.
“Combatir el hambre es fundamental para restablecer la estabilidad en Haití. No se puede construir la paz si las familias no pueden alimentar a sus hijos. La asistencia alimentaria de emergencia es la primera línea de defensa, mientras que la reconstrucción de los sistemas alimentarios locales ofrece esperanza para el futuro”, advirtió Wanja Kaaria, directora y representante del PMA en Haití.
Un llamado urgente a la acción
En este momento crítico, la CNSA, la FAO y el PMA hacen un llamado conjunto a los actores nacionales e internacionales para ampliar y acelerar las inversiones en seguridad alimentaria y medios de vida en Haití —incluyendo el financiamiento de intervenciones agrícolas de emergencia, la mejora del acceso humanitario y el apoyo a los pequeños productores.
Sin una acción inmediata y sostenida, millones más corren el riesgo de caer en inseguridad alimentaria aguda. Fortalecer la resiliencia de las poblaciones más vulnerables debe seguir siendo una prioridad.
Fotografía: ©FAO / Nour Azzalini





























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